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jueves, 26 de julio de 2018

"Nombres que imprimen carácter", un poema de "Te robo los recuerdos"

NOMBRES QUE IMPRIMEN CARÁCTER

Hay un retrato de mi tatarabuela
-Ana Muñiz-
que nos vigila
con esa dignidad en blanco y negro
de las mujeres que se sabían fuertes
y nunca lo olvidaban.
Ni siquiera -o especialmente-
en ese raro instante en que el fotógrafo
la obligaba a distorsionar el rostro
en un gesto artificioso y esforzado.

Ana Muñiz manejaba una tienda,
una casa, varias vidas.
Nunca bajó la guardia.

Mi abuela llevó su nombre
en homenaje a ella.

También mi madre.

Y mi hermana.

Anas todas.
Todas fuertes y grandes en carácter.

Con la misma dignidad,
aunque en color, de su predecesora.

Y yo me llamo Julia.
Julia.

Estoy acostumbrada a repetirlo
porque nadie me oye a la primera.

JULIA CONEJO


viernes, 23 de marzo de 2018

"Mujeres descalzas", un poema de "EL bolso de Mary Poppins"

MUJERES DESCALZAS

Me asustaban las filas
de mujeres descalzas
con abrigos de paño
y una vela encendida entre las manos.


No entendía por qué,
pero cuando pasaban por delante
me encerraba la cara
en algún recoveco del cuerpo de mi madre.


Sentía que la boca
se llenaba de barro
y que las cucarachas abrían galerías
partiendo de las plantas de mis pies.


No era un temor infantil
que se acallase
con palabras amables
ni con chicles de fresas.


La semana pasada,
cuando llegó la hora de la cena en el geriátrico
y yo me despedía de un pariente lejano,
el pasillo se llenó de mujeres calzadas,
que no llevaban velas,
y formaban una hilera
de sueños desahuciados.


Y si hubiera tenido
a mi lado a mi madre,
me hubiera refugiado
al fondo de su abrigo.


Porque hay temores
que siempre van descalzos
delante de nosotros,
aunque pasen los años.

JULIA CONEJO


martes, 1 de noviembre de 2016

"De tus sueños", un poema de Peces transparentes

DE TUS SUEÑOS

Ya no soy ese sueño
de tus tarde heridas de misal
y sotana.

La ternura a granel que tantas veces
te enganchaba a la vida.

Ya no soy la que enciende las estrellas
y las cuelga del techo
cuando todos discuten.

La que puede bailar con el pie escayolado.

Me soñabas así,
ligera y quebradiza,
para que siempre
la luz y la penumbra
calaran en mi cuerpo.

Ahora estoy en el sitio donde tú ya estuviste.
El lugar donde aguardan
los que han ido perdiendo poco a poco
sus piezas
y buscan un recambio
para seguir nadando por la orilla del viento,

sorteando las rocas
en las que se resbalan todavía,
a pesar de la costra que les cubre.

JULIA CONEJO




martes, 26 de julio de 2016

Palabras mágicas, un poema de "Peces transparentes"



PALABRAS MÁGICAS

Los domingos, mi abuela no nos daba
la propina.

Nos daba la “Rinconada”,
que no era ningún premio, sino un ritual
de gestos y palabras
que había que seguir, paso por paso,
para no desmontar la expectación
y mantener envuelta la mañana
en novedad y misterio.

Tapada hasta las cejas en la cama.
Los párpados cerrados
de forma fraudulenta
Y ella fingiendo aprovechar el sueño
para meter debajo de la almohada
algún sobre-sorpresa,
un cuento del tamaño de su mano
o una tira de cromos de palmar
con purpurina por encima.

Ni aquella Hada Madrina
que ayudó a Cenicienta,
de haber tenido que repetir su hazaña
todas las semanas,
hubiera sido capaz de mantener
la magia y la ilusión
con la misma maestría y eficacia
que mi abuela,
Aunque ella no llegase a sospechar
(no obstante la experiencia relatada)
sus innata habilidad
para la hechicería.

JULIA CONEJO



sus innata habilidad
para la hechicerí
a

domingo, 10 de abril de 2016

Una infancia feliz en años de posguerra. Poema inédito.



UNA INFANCIA FELIZ EN AÑOS DE POSGUERRA

A veces ser feliz consiste sólo
en bailar
alrededor de una mesa-camilla,
coreando el nombre de un pueblo al que te han invitado
a pasar el día de la fiesta.

A veces es más excitante
ese momento previo de la espera:
ni la verbena, ni el traje de domingo,
ni el banquete en la casa familiar,
tan minuciosamente preparado.

El paso de los años ha demostrado
que lo único, al final, inolvidable era
la coreografía improvisada con tu hermano:

Vueltas y vueltas en torno a una camilla
una semana antes de que el gran día llegara.

Y si alguien no lo entiende

es porque nunca le dejaron ser niño.

JULIA CONEJO



martes, 10 de noviembre de 2015

Lectora en el metro, un poema de El bolso de Mary poppins



LECTORA EN EL METRO



A las siete menos diez de la mañana
el vagón todavía no está lleno.

Casi siempre encuentras libre
un rincón alejado de la puerta
donde nadie te observa.

Mucha gente, a esas horas,
lee el periódico
o dormita recostada
sobre su propia rutina amarillenta.

En cuanto arranca el tren, abres el libro
y enseguida te asoman a los ojos
una bandada feliz de alcarabanes.
Cada vez que das vuelta en una página,
tus dedos reconocen
el tacto de la Ceiba y el Marfil Vegetal
y se demoran en el recorrido.

El trayecto dura 23 minutos.

Cuando cierras el libro
el color de tu rostro se transforma.
Te mimetizas, como los camaleones,
en un gris desvaído,
muy semejante al tono de los suelos
que tienes que limpiar.

Sólo retorna el rojo a tus mejillas,
y el azul, y el naranja,
y todos los colores de tu tierra,
a la hora del regreso,
otra vez con el libro entre las manos.

Confías en que nadie te pregunte
porque viajas con el mismo libro siempre.

No quieres explicar que son sus hojas,
el olor de sus páginas,
las que te llevan cada día por un rato
a los manglares en los que creciste.

Y no quieres que nadie se dé cuenta,
sobre todo,
de que nunca te enseñaron a leer.

JULIA CONEJO ALONSO





miércoles, 17 de junio de 2015

Un poema de "El bolso de Mary Poppins"

NOCHE DE SAN LORENZO

Tres mujeres mayores
y dos niños
salen a buscar luciérnagas
la noche de San Lorenzo.

Las mujeres se van contando historias
de noches como esta,
cuando sus vidas eran un hervidero
de gente que ya no está
y proyectos que nunca fueron.

Los niños hacen preguntas,
gastan bromas, corren
y comienzan a cantar una canción
popular
que las mujeres también conocen.
Un instante después,
los cinco están cantando.

Ni una sola luciérnaga se asoma,
pero, a cambio,
la oscuridad les regala
un repertorio de estrellas inaudito.

Cantan todos
y el mundo vuelve a ser,
durante un rato,
ese lugar placentero y confortable
del que tanto se acuerdan.

JULIA CONEJO





sábado, 21 de marzo de 2015

Poesía contenida, un poema de ¿Para qué sirve el frío?



POESÍA CONTENIDA


Ya me contienen los huesos,
la educación que me han dado.


Me contienen gruesos diques
de sensatez,
adquirida por fascículos
en un curso
que vendieron en el último septiembre.

Me contiene la cordura
de los días de diario,
aunque sea de una forma tan precaria,
enredada entre el cabello,
siempre a punto de caer.

Me contienen tus ojos
sólo con que se mantengan secos
al ver como se hunde otra esperanza
en el mar de los míos.

Cuando escribo
no quiero contenciones
ni distancias.

Quiero lanzarte palabras
hasta que caigas
herido, o muerto –si es el caso-
Lapidado hasta las cejas
de verdades como puños.

JULIA CONEJO



lunes, 29 de diciembre de 2014

Semejanzas, un poema de "Muñecas recortables"


SEMEJANZAS



En algún rincón de esta vieja casa

-con paredes de colores

que antes eran estampadas-

tú sigues cantando, como aquellas nochebuenas,

a la niña de bizcocho

que era yo.



Tú sí hubieras entendido:

El entramado amargo de mi alma

está compuesto

con el mismo tejido

que formaba la tuya.



Tú si hubieras escuchado:

Mi llanto tiene acordes aprendidos

en los pliegues sinuosos de tu cara.



Me hubieses mirado

con ternura infinita.

Me hubieses hablado

del dolor de existir,

con el corazón a la intemperie,

desangrándose

en todos los rincones.



¡Qué dura es la vida –hubieras dicho-

en esta parte del país!



Y yo me hubiese sentido
un poco menos vencida. 

JULIA CONEJO


jueves, 25 de septiembre de 2014

Estado de hibernación, un poema de peces transparentes

ESTADO DE HIBERNACIÓN



Ya no sé por qué sigue mi sed escayolada.



Por qué sigue hibernando mi conciencia

en este estercolero de palabras

en el que me revuelco.



Hay otras soledades

que abrevan en la mía.



Manos que se sostienen

con un dolor más largo que tu ausencia.



Hay servidumbres aplastando otras almas

con una virulencia semejante al granizo

cuando revienta cosechas de amapolas.



Hay alfileres clavadas en todas las pupilas que me miran.



Y yo mido el desconsuelo por pulgadas.



Y sé que más allá de mis cadenas

están los que no miden

porque ya han aceptado

que la línea enredada de sus penas



tiende -como la mía- al infinito.


JULIA CONEJO






sábado, 15 de marzo de 2014

En un atasco, poema de "¿Para qué sirve el frío?"

EN UN ATASCO

Me insulta una mujer desde la acera
porque he invadido
-perdida en un atasco-
su derecho al paso de peatones.

Tengo el tiempo contado
y el pelo sin peinar.

La dependienta, que observa mi retraso,
me mira mal
y me hace una advertencia.

Mi cabello se va enredando más
mientras la escucho.

Y se me olvida, otra vez,
en que año estoy
de mis muchas infancias superpuestas.

JULIA CONEJO



lunes, 30 de diciembre de 2013

El hambre de estar vivo, un poema de Muñecas recortables

EL HAMBRE DE ESTAR VIVO

Algún arroyo ha tenido
que brotarte del pecho
en las tibias mañanas de verano
que peinaron tus sueños.

Algún sordo rencor
has debido de escupir
entre los pliegues absurdos que el dolor
ha dibujado
a la orilla del río
en el que agonizaban
docenas de cangrejos.

No hay oración que te hayamos escuchado,
ni recuento de imágenes amables
que alivien el avance
implacable de las llamas.

Y no te hemos oído gritar
que estás aquí,
como siempre,
despejando las hierbas del camino,
aunque tu silueta
sea sólo una sombra que se va desgastando
poco a poco
al rozar las paredes.

No te hemos visto mordiéndote las uñas
hasta arrancarte los dedos
uno a uno.

Ni hemos sentido tu piel erosionada
con los zarpazos
del hambre
de estar vivo.

JULIA CONEJO ALONSO




martes, 24 de septiembre de 2013

"Poética", un poema de ¿Para qué sirve el frío?

POÉTICA

No soy, como Celaya,
artesana del verso.
No busco plenitud en las palabras
ni la inmortalidad.

Soy egoísta y manipuladora:
Utilizo el lenguaje
cuando lo necesito,
cuando me falta el aire,
cuando noto que ha dejado de trotarme
la sangre por las venas.

Igual que los diabéticos
se inyectan insulina.

No es arte, ni altruismo.
No es conciencia social,
ni egolatría.

Es solo instinto de supervivencia.

JULIA CONEJO





jueves, 27 de junio de 2013

Paisaje con niñas, un poema de Peces transparentes

PAISAJE CON NIÑAS

Esther y yo.

Escondidas dentro de una llanura interminable.

El suelo es ocre,
a juego con los gorros.

Los abrigos abrochados hasta arriba.

Lo mismo que los labios,
que no recuerdan ya cuántas palabras
van a tener que guardarse entre los dientes
algún día lejano.

Los ojos no aparecen en la foto,
porque están recorriendo no se sabe
qué países de piel de caramelo.

Esther y yo.

Dentro de una llanura interminable.

JULIA CONEJO ALONSO




jueves, 6 de junio de 2013

Un poema de Raymond Carver

SANGRE

Éramos cinco a la mesa de juego
sin contar al croupier
y su ayudante. El hombre
de junto a mí tenía los dados
en la mano.
Se sopló los dedos, dijo:
¡Vamos pequeños! y se inclinó
sobre la mesa para tirar.
En ese momento, una sangre roja brotó
de su nariz, salpicando
el verde paño de fieltro. Soltó
los dados. Se echó hacia atrás pasmado.
Y luego aterrorizado cuando la sangre
corrió por su camisa abajo.¡Dios mío!
¿qué me está pasando?
gritó. Se agarró a mi brazo.
Oí funcionar los motores de la Muerte.
Pero en aquella época yo era joven,
y estaba borracho, y quería jugar.
No tenía por qué escuchar.
Así que me largué.No me volví ni siquiera,
ni encontré esto dentro de mi cabeza, hasta hoy.

RAYMOND CARVER


miércoles, 27 de marzo de 2013

Pastillas para no llorar, poema inédito

PASTILLAS PARA NO LLORAR

Nos cuenta en el café
una compañera
que ha estado en la farmacia
para comprar unas pastillas
que le impidan llorar y emocionarse
el día de su jubilación.

Yo pienso que nos está tomando el pelo
y le sigo la broma.
Pero nadie en el grupo se sonríe,
ni se sorprende siquiera.
Comentan con naturalidad la decisión,
que consideran lógica.
Incluso mencionan nombres
de algún medicamento que conocen
con esta utilidad.

Yo despierto de un sueño.

Comprendo, estupefacta,
que todo el sufrimiento sostenido
durante tantos años
se debe a una cuestión de mala asesoría médica.

Como el que aguanta los dolores
de cabeza
porque no se le ha ocurrido preguntar
si existen las aspirinas.

JULIA CONEJO




sábado, 26 de enero de 2013

Heridas, un poema de Peces transparentes.

HERIDAS

Ya sabes,
no es sencillo
caminar todo el día con las heridas puestas.

Donde acaba el dolor
-si es que termina-
nace el cansancio de arrastrar las cicatrices
a la vista de todos.

Pero no aceptes nunca
la ofrenda fraudulenta
de aliviarte del peso
que te harán muchas veces.

Nadie quiere cargarse con heridas extrañas.

Guárdalas en bolsillos,
tápalas con sonrisas
o exhíbelas, si las piernas te respaldan,
con sus muescas
y con sus desniveles.
Sin esconder ni un solo palmo de fracaso.

Ya lo sé, es complicado
moverse por el mundo con las heridas puestas.

Aún así, 
no te las quieras despegar  como si fueran
una calcomanía.

Algún día, te pasarás la mano por la piel
y no sabrás distinguir lo que está liso 
de lo que está mordido.

JULIA CONEJO




viernes, 23 de noviembre de 2012

Hambre, un poema de Peces transparentes

HAMBRE

No me preguntes por qué no tengo hambre.

Pregúntale al cerezo,
al granjero que cuida las gallinas,
a las migas que caen desde el mantel
al suelo
y se arrepienten en el último segundo.

Pregúntales a las cajeras del supermercado,
al repartidor de pizzas,
al temporero que viaja cada año
a recoger tomates
a Almería.

A mi no me preguntes.

Si el hambre se me escurre
entre las comisuras de los labios,
no es por falta de ganas de comerme
tres veces
el centro de la tierra.

Es que desde hace tiempo,
todo me sabe a miel de alcantarilla
y al agua que remueven
en los charcos
las ruedas de los coches.

A mi no me preguntes.

Mi lengua sigue viva. 

JULIA CONEJO



jueves, 1 de noviembre de 2012

Un poema de Peces transparentes

ESPERANZA

La esperanza tiene un aroma a café
recién tostado.

Tiene el tacto de un echarpe de mohair
sobre la espalda desnuda
unos segundos antes de apreciar
que su elegancia acogedora
no basta para descabalgar el frío.

La esperanza
es un sobre cerrado de cromos repetidos.

Una calle en verano repleta de terrazas
donde sólo se sirve
agua del tiempo.

La esperanza te deja los pies fríos,
como las botas de goma
con dibujos
que llevaba al colegio
las mañanas de invierno en que llovía.