domingo, 15 de julio de 2012

Isla de Jersey, poema de "Muñecas recortables"



ISLA DE JERSEY


En la isla de Jersey
no se venden pijamas de franela
con tonos violeta.

Ni corbatas de cachemire en seda.

A veces hace frío.

Un frío parecido al que se siente
en las yemas de los dedos
al tocar un pez muerto.

Pero nunca es invierno. 

Los estudiantes celebran cada día
el fin de curso
con barbacoas que organizan
en el atardecer intacto de sus escasos años.

Cada noche se abren las puertas de la iglesia
para que acudan vecinos y turistas
a oír el coro de la catedral de Winchester
en un concierto de voces infinitas
que han sido desde siempre
la sintonía única
de todos los canales y emisoras
de la isla.

A Jersey no han llegado todavía
las redes de internet,
ni los ipods,
ni las pantallas táctiles.

Porque en cualquier rincón de Jersey
siempre es verano del 91

y siempre hay un teléfono que suena
para anunciar la muerte de mi padre.

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